Parafraseando un poco la homilía de ayer de mi párroco quien decia que el “mejor negocio de nuestras vidas es tener la mirada puesta en la vida eterna” veo que lo que nos da la salvación no es la riqueza ni la pobreza, lo que nos da la salvación es la cercanía con el Señor, lo que genera en nosotros actitudes de amor y de justicia. Un gran santo como Juan de la cruz nos enseña que “al atardecer de la vida se nos juzgará en el amor” y es que la invitación que nos hace el Señor es una vivencia que va más allá de una justa equidad de bienes, es el compartir todos los dones que tenemos, especialmente el don que representa el estar con el maestro, porque nuestra sociedad no solamente sufre el ayuno del pan, de la justicia y de la paz…sufre el ayuno de una vida alejada de la divinidad hecha ser humano, un ayuno más grave y peligroso porque genera dolor, odio e indiferencia, es ayuno del amor del Señor, es hambre de Jesucristo.
Los nuevos Lazaros además de ser los “rostros sufrientes que nos duelen” son aquellos que están alejados del Señor, aquellos que no solo sufren porque no son alimentados, sino porque tampoco quieren recibir el alimento, tal vez acostumbrados de que los perros laman sus heridas. La humildad es clave dentro de este proceso, el reconocer que nos somos super personas, super independientes, que queremos aunque sea las migajas de la mesa…pero te recuerdo algo, el Señor nos da mucho mucho más. Señor, danos el alimento verdadero, que eres Vos mismo…sana nuestra vida, ayudanos a perdonarnos…
